Hablar
de transición en política significa hablar de muchas transiciones pues ninguna
es igual a otra. La mayoría de los estudios sobre las transiciones -ya hay
algunos “clásicos” como los de Linz, O’Donells, Poulantzas– se refieren a
la transición que va desde una dictadura a una democracia.
1.
¿Cuándo se produce un momento transicional?
No
me acuerdo bien si fue Gramsci o Trotzki quien dijo que la transición se da
cuando aparece una crisis política en la que la clase dominante ya no puede
gobernar y la clase dominada todavía no puede gobernar. Trotzki o
Gramsci, la palabra “todavía” es aquí importante. Con ello se
quiere decir que la clase dominada (en su versión marxista) debía realizar un
proceso de reconstitución antes de llegar al poder. Si esto no ocurría, la
crisis podía transformarse en lo que Gramsci (de eso sí estoy seguro) llamaba
crisis orgánica, es decir, una sin alternativa política. Cambiemos ahora
los oxidados conceptos clasistas de Trotski y Gramsci y digamos: Venezuela
después del 3 de enero, día en el que a la dictadura le fue arrancada su
cabeza dictatorial, se encuentra en un periodo en el que esa dictadura
no puede gobernar como dictadura y la democracia "todavía"
no logra aparecer como democracia. No es un periodo de
transición, pero sí, bajo determinadas condiciones, puede tener lugar un
periodo pre-transicional en la perspectiva de una verdadera transición.
Por
cierto, la llegada de un periodo transicional no es anunciada por los
periódicos. Por lo general hablamos de transición cuando esta ya ha culminado.
En el trayecto, la transición es solo una posibilidad y, por lo tanto, puede
fracasar en cualquier momento.
2. ¿Transición de
dónde hacia dónde?
La
pregunta no está de más pues existen transiciones democráticas (de un gobierno
conservador hacia uno socialdemócrata o a la inversa). Existen, además,
transiciones del autoritarismo a la democracia. Y sobre todo, existen
transiciones de un régimen a otro; de la monarquía a la república por ejemplo o
de la dictadura a la democracia (o también de la democracia a la
dictadura, como fue la que experimentaron los nicaragüenses con Ortega y los
venezolanos durante Chávez y Maduro).
Después
de ese listado, podríamos concluir en que, la que no ha tenido lugar todavía en
Venezuela después de la extracción de Maduro, deberá ser una transición
de un régimen dictatorial a uno democrático cuyas formas y
perfiles no aparecen dibujados en el horizonte.
Sin
embargo, se engañarán los que imaginen que Trump dio un golpe de estado –sí,
eso fue – al extraer a Maduro para instaurar una democracia en ese país. Todos
los que hemos seguido los pasos de Trump en el terreno internacional sabemos
que a él importan muy poco las formas de gobierno y mucho menos la democracia.
El gobierno Trump distingue solamente entre estados fuertes y estados débiles y
con los primeros está dispuesto a concertar alianzas puntuales si esos estados
aceptan y colaboran con la estrategia norteamericana. Su propio vocabulario lo
delata.
Trump
no ha pronunciado jamás las palabras democracia
o democratización al referirse a Venezuela. Si le hubiera interesado
la democratización habría dicho un par de palabras sobre el monumental fraude
electoral cometido por Maduro en las elecciones presidenciales de julio del
2024. Habría, además, exigido las actas electorales, y al tenerlas en su mano,
habría declarado presidente constitucional a Edmundo González. Habría, no por
último, buscado contacto con la líder María Corina Machado a la que apartó del
juego, primero con brusquedad, después, haciendo de presidente galán,
invitándola a conversar a cambio de la medalla Nobel.
Como
“causa” de la extracción de Maduro, Trump siguió hablando de la lucha en contra
del narcotráfico a sabiendas que en esa materia Venezuela está por debajo de
otras naciones latinoamericanas, una mentira tanto o más grande que las “armas
de destrucción masiva” inventada por Bush Jr. al invadir Irak. Las razones de
esa nueva gran mentira, son obvias.
La
“guerra al narcotráfico” otorgaba a los EE UU una carta legal para actuar en
Venezuela. El mismo Marco Rubio, aunque seguramente ni el mismo la creía,
repitió esa mentira cuando acudió al Senado a explicar el proyecto en el que se
inserta la intervención norteamericana. Dijo: “No fue la ocupación de un país extranjero, sino
una operación para arrestar a dos personas buscadas por la Justicia de Estados
Unidos”.
3. Las
razones de Rubio
Rubio
se limitó a dar a conocer las verdaderas razones de la intervención
norteamericana argumentando entre líneas. Dicho en modo de síntesis: Venezuela
debe apartarse de toda relación con “países enemigos” de los EE UU como son
Cuba, China, Irán e incluso Rusia.
Con
el descabezamiento del régimen de Maduro, Trump mostró al mundo que el
propietario geopolítico del llamado Hemisferio Occidental es EE UU y ningún
otro país, tesis que aceptó su colega Putin cuando se limitó a hacer solo un
desabrido comunicado formal al criticar a la extirpación de su “amigo” Maduro. Por
eso, para los medios de comunicación internacional, la intromisión
norteamericana en Venezuela es considerada como la puesta en marcha de un
proyecto neoimperial a escala mundial.
No
fue casualidad que casi imediatamente después de la extirpación del presidente
anticonstitucional, Trump estableciera un pacto que, de continuar en la forma
armoniosa que se está dando, puede convertirse en una alianza no táctica
sino estratégica con la presidente interina Delcy Rodríguez. Si ese
vínculo intergubernamental estaba planeado con antelación, va a ser difícil
saberlo. Que el embajador ruso ante la ONU dijera que la extracción de Maduro
fue el producto de una “traición” es solo un indicio, no una prueba, pues todos
sabemos que el gobierno ruso miente sin descanso. Lo que sí podemos visualizar
es que el chavismo no es una roca monolítica como
aparentaba ser pues en su interior se cruzan distintas
posiciones, algo que conviene tener muy en cuenta si es que llega a
darse el momento de una verdadera transición.
Delcy
Rodríguez, recibiendo ódenes como dicen sus enemigos o no recibiéndolas, al
proponer la ley de amnistía general y cerrar al siniestro Helicoide, puede
llegar a ser la "héroe de la retirada" (Hans Magnus Ensensnberger)
que necesita con urgencia Venezuela para avanzar hacia una verdadera
transición. Para quienes juzgan a las personas por su pasado y no por el
presente, recordemos que Gorbachov fue stalinista, de Klerk fue racista hasta
que conoció a Mandela, Modrov defendió el muro, pero después administró junto
con Kohl la unificación alemana, Balaguer fue brazo derecho de Trujillo, Adolfo
Suárez fue franquista, el general Mathei en Chile, leal a Pinochet, reconoció
los resultados del plebiscito justo en el momento en el que el dictador
planeaba quedarse en el poder mediante otro golpe de estado. A esa estirpe
puede que también pertenezca Delcy Rodríguez. No apoyar las
medidas pre-transicionales que impulsa Rodríguez, es colaborar con los
"talibanes" que seguramente existen al interior del chavismo.
4. La nueva alianza
La
alianza, por el momento táctica, entre el gobierno Trump y el gobierno
Rodríguez, se ha dado sobre la base de intereses mutuos. Naturalmente el
régimen chavista quiso salvar su sobrevivencia y Trump no quiso pagar el precio
de desatar una guerra civil en Venezuela. La estabilidad política que necesita
Trump puede ser, en efecto, mucho más sólida bajo el mandato de Rodríguez que
bajo una eventual presidencia Machado-González.
Hasta
ahora Trump y Rodríguez han actuado de un modo muy racional y todo evidencia
que ambos se entienden muy bien. En las palabras de Rubio: “Una acción militar haría retroceder los
otros objetivos. Eso no ayuda a la transición ni a la recuperación”. Esa transición, según el mismo Rubio,
será dividida en tres fases: estabilización inmediata tras la salida de
Maduro, recuperación económica e institucional, y consolidación de una
democracia inclusiva.
La
estabilización inmediata será un objetivo primordial. Como argumentó Rubio: “Nos guste o no, el control de las armas
y de las instituciones gubernamentales está en manos del régimen”. Entre matarse y negociar, ambos
contendientes eligieron el camino de las conversaciones. Según Rubio: “Hay
algunos tropiezos y escollos, pero hemos establecido una relación respetuosa y
productiva en esta fase de estabilización”.
El
proyecto de amnistía general y el muy simbólico cierre del Helicoide
apresurarán seguramente las relaciones positivas que se dan
entre Washington y Caracas. Sin sarcasmo podemos decir que, por el
momento, y de una manera absolutamente inesperada, el que rige en Venezuela es
un gobierno “chavotrumpista”, algo que ni la más febril fantasía habría podido
imaginar hace algunas semanas.
Surge
la impresión incluso que la fase primera propuesta por Rubio, la
de la estabilización política, ya ha sido cumplida.
Y de un modo altamente satisfactorio para ambas partes. Sin embargo, Rubio
dejó claro que esa situación de compromiso mutuo puede romperse en
cualquier momento si el gobierno venezolano no acata la principal
determinación de los EE UU, y ella es la siguiente: Venezuela es y será parte
del hemisferio occidental y deberá aceptar la hegemonía militar, política y
económica de los EE UU en la región latinoamericana.
“En
el pasado, Venezuela se había convertido en base de operaciones para
competidores y adversarios como Irán, Rusia y China, y en un centro del
narcotráfico vinculado a la FARC y el ELN”. (…..) “Era un
riesgo estratégico para la región y para nosotros", recordó Rubio. Pues
bien, con esas frases, casi dichas al pasar, Marco Rubio reveló
las verdaderas intenciones que llevaron a la eliminación política de
Maduro.
La
extracción se produjo para cumplir al pie de la letra la estrategia del
gobierno de los EEUU elaborada por el Departamento de Estado. Esa será la
política internacional de Trump y también, seguramente, después de
Trump.
“Irán,
Rusia y China siguen teniendo intereses en Venezuela, y será fundamental
mantener el aislamiento de estos actores para asegurar una transición
exitosa", indicó Rubio. Fue también una señal hecha a Cuba
y Nicaragua. Si esas naciones u otras permiten la apertura a estrategias de
potencias extranjeras (enemigas, dice Rubio) serán igualmente
intervenidas. Visto el tema en ese contexto, es posible pensar que los
días de los gobiernos de Díaz Canel en Cuba y de Daniel Ortega
en Nicaragua ya están contados. A menos, claro está, que se
rindan ante las condiciones impuestas por Trump. Puede que el inescrupuloso
Ortega lo haga. Con los dirigentes cubanos, siempre al borde de la locura, será
más difícil.
5. La
no incorporación del “factor Machado”
Desde
esa misma perspectiva nos vemos en la necesidad de afirmar un
punto que tendrá mucha importancia para el futuro desarrollo político de
Venezuela; y es el siguiente: no fueron los llamados a la intervención
norteamericana, hechos por la líder María Corina Machado, las razones que
explican el derribamiento de Maduro, sino el cumplimiento de una estrategia
cuidadosamente elaborada por los estrategas norteamericanos del Departamento de
Estado y de los expertos internacionales que rodean al gobierno, dentro de los
cuales se cuenta el propio Rubio. Se trata de una estrategia global
destinada a marcar límites no traspasables por otras potencias
mundiales en la “era de los tres imperios”. Nos referimos, en fin, a
una estrategia regional, o si se prefiere, hemisférica, con relación a un
país poseedor del más geo-estratégico de todos los recursos terrestres: el
petróleo.
Si
Trump hubiera querido escuchar los llamados de Machado, la habría incorporado
desde un comienzo a sus planes.
Ocurrió, sin embargo, lo contrario: la mantuvo alejada de su entorno, e incluso
se permitió, después de la extracción de Maduro, afirmar que él no
conocía a esa señora. Nunca, antes de la operación militar hubo una
comunicación directa entre Trump y Machado. Claro está, afirmó Rubio, la líder
opositora María Corina Machado "puede formar parte" del proceso de
transición. “Puede”, dijo. No dijo “debe”.
6. La
estabilización política de Venezuela
Interesante:
La tercera fase, la que para muchos es la más importante, la ocupación
geo-económica de Venezuela, fue puesta por Rubio, a diferencia de las
declaraciones de Trump, solo en un segundo lugar. Está claro: Trump piensa en
términos principalmente económicos y Rubio, como el político profesional que
es, piensa en términos políticos. No el aseguramiento de la economía creará las
condiciones políticas estables que necesita Venezuela sino al revés: solo una
política institucional estable creará condiciones para las inversiones que requiere
hacer Estados Unidos en el país. No es casualidad. Apenas fue aprobada
la ley de hidrocarburos, la que permitirá traspasar proyectos de parte del sector
privado y así facilitar la inversión interna y externa, Delcy
Rodríguez anunció la ley que otorgará una amnistía general sin la cual ningún
proceso de transición puede ser puesto en marcha.A la vez -eso no lo dijo Rubio- la estabilidad
política puede crear condiciones para un reordenamiento político de la
oposición de cara a la transición que deberá tener lugar, tarde o temprano, en
Venezuela. Por ahora solo estamos en los prolegómenos de esa transición. El
oficialismo dictatorial está experimentado su propio proceso de transición y
seguramente la oposición también deberá amoldarse a las nuevas condiciones, radicalmente
distintas a las que prevalecían durante Maduro.
El
actual momento no es épico. Es político.
Fernando Mires
https://polisfmires.blogspot.com/2026/02/fernando-mires-transicion-hacia-la.html

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