Es una de
los casi 9 millones de venezolanos que viven fuera de su país. Hace 10 años que
lo dejó, los mismos que tiene su hijo, que inició su exilio cuando era un bebé
de meses.
Arianna de
Sousa-García dejó su trabajo de periodista en el diario El Tiempo; dejó Puerto
La Cruz, su lugar. Dejó colegas, amigos, abuelos, familia; su carrera, el
Caribe. Y partió a Chile con desgarro y esperanza.
Transformada
en inmigrante, tuvo la necesidad de registrar la memoria y explicarle a su hijo
lo que había pasado, contarle su historia, que es también la de muchos.
Así fue como
De Sousa-García comenzó a escribir "Atrás queda la tierra".
Este es un
extracto de ese libro:
"Las
cifras más aceptadas dicen que en Colombia viven 2.477.588, en Perú 1.506.368,
en Estados Unidos 545.200, en Ecuador 502.214 y que en Chile somos 444.423, y,
sin embargo, ahora sabemos que los números siempre se quedan cortos. Los
destinos subsiguientes en popularidad son España, Brasil, Argentina, Panamá y
República Dominicana. La evidencia dice claramente que nos fuimos donde pudimos
irnos, donde llegaron los pies, los contactos, hasta donde alcanzó el dinero.
Aun así
tienen la desfachatez de llamarnos fascistas con una facilidad deslumbrante, de
darnos discursos ideológicos desde sus barrios con agua y luz, desde sus
refrigeradores llenos, y cómo no, de decirles a estos pobres vulgares muchachos
bananeros lo que tuvimos que haber hecho.
Pero tú
no bajes la cara, no apartes la mirada, no te doblegues ante la ignorancia ni
el horror."
La narradora,
poeta y cronista, que fue parte de la programación del Hay Festival de
Cartagena, entrega una mirada cruda de la diáspora venezolana, pero también nos
lleva a la tibieza de su intimidad, la de contarle a su hijo qué es Venezuela,
un país en el que nació pero que no conoce.
FUENTE DE LA IMAGEN,NURPHOTO VÍA GETTY IMAGES
Pie de foto,Unos 8 millones de venezolanos están
viviendo en el exterior.
En 2016
había crisis energética y alimentaria en Venezuela, y aunque trabajabas como
periodista en tu lugar ideal, fue tu hijo el que te empujó a salir. ¿Cómo das
ese paso?
Estábamos en
ese momento histórico de crisis muy cruda. Cada día era más difícil
alimentarlo. Me ayudaba con la leche materna, pero si tenía problemas para
alimentarlo a él, yo comía mucho peor, así que se frustraba porque de mí ya
salía muy poca leche. En verdad, era más un gesto de amor.
Con mi carrera
también pasaban cosas; por esos meses publiqué un reportaje sobre la cadena de
control de alimentación que se llamaba CLAP: una caja con comida que te hacía
llegar el gobierno, pero de acuerdo a muchas variantes y condiciones,
comenzando con que no tenías que ser opositor para que te pudiesen llegar estos
productos que no se conseguían en el mercado, porque estaban controlados.
Eso levantó
una especie de amenaza silente; al otro día, ya tenía patrullas afuera del
diario; entré casi corriendo y mi editor me contuvo, me aseguró que todo iba a
estar bien. Pero cuando llegué a mi casa había otra y ahí estaba mi hijo.
Me di cuenta
de que también era una amenaza directa a él y supe que tenía que sacarlo, que
mi trabajo estaba interfiriendo con su vida, con su crecimiento.
Mi hermana ya
se había ido y mi madre estaba pronta a irse, pero me dijo: ¿te quieres ir tú?
Feliz les compro el pasaje y después veo cómo me voy; porque el dinero era de
la venta de las cosas de nuestra casa, el refrigerador: la cocina, nuestras
camas.
Así que lo
tomé con dolor, pensando solamente en él, no sin arrastrar la pena enorme de
suspenderse como persona para el futuro de los hijos, porque yo sabía que no me
iba a callar y que iba a seguir trabajando, pero eso también me ha dado
tranquilidad.
"Atrás
queda la tierra" lo definiste con tres palabras: desarraigo, empeño y
enojo, ¿las podrías explicar?
El libro hace
un intento de no soltar el país, no soltar el oficio, sentía muy fuerte la
lejanía, ese apartamiento entre el país y yo, por eso el desarraigo, por el
esfuerzo máximo de estar donde ya no estás; por lo imposible de asistir al
funeral de tu abuelo.
Escribirlo fue
la manera de estar en los lugares y con las personas con las que me hubiese
gustado, ahí va el empeño. Es difícil ese ejercicio, requiere tozudez; ser
vulnerable y fuerte al mismo tiempo, dejarse doblar para no romperse.
El dolor y el
enojo están muy juntos: me molesto y lloro. Había no solo rencor por nuestros
gobernantes, sino también rabia por dejar lo construido, a mi familia, por
venirme a un lugar del que no sabía nada.
FUENTE DE LA
IMAGEN,AFP VÍA GETTY IMAGES
Pie de foto,De
Souza-García explora el dolor del desarraigo.
El enojo es
por todo lo que nos pasó en el mundo; el estigma tan grande con el que
cargamos, los malentendidos, la poca comunicación, el prejuicio que hay sobre
el migrante venezolano. Desde cómo nos vemos hasta situaciones delicadas como
la existencia de bandas como el Tren de Aragua.
Está cargado
de enojo y propone que sea colectivo; aquí nos vamos a enojar todos. Mi
necesidad era que el otro entendiera, acompañara y para eso tenía que ser parte
de ese nosotros.
¿Por qué
decides escribirlo como una carta para tu hijo?
El mensaje es
para él, pero al mismo tiempo, le escribí a todos los niños que crecen fuera,
en nuevos países, y eso funcionaba para hablarle a cualquier lector que no
conociera el contexto venezolano.
A través de
esta carta, pude conversar finalmente con el otro; fue una alegría enorme,
porque es muy difícil hablar, cuando las primeras preguntas son: "¿Y de
verdad pasaron hambre?". Difícilmente puedes responder de inmediato,
porque se siente como un puñal.
Esta idea que
empezó con querer hablarle a mi hijito de meses sobre por qué creció lejos de
sus abuelos ha sido una llave importante que valió absolutamente todo el
esfuerzo, todo el empeño y toda la rabia.
FUENTE DE LA IMAGEN,SEIX BARRAL
Además de
tu experiencia personal, cuentas otras historias de migración: madres,
"que son casas, canguros, escudos, fuentes, mantas, madres camas, madres
termómetro, madres búho" que van cargando con sus hijos; niños que han
muerto en el camino, padres deportados, viajes inconclusos. ¿Por qué las
registras?
Era una
tragedia tan amplia que los números empezaron a reemplazar la identidad de las
personas. Tenía que pasar por cuatro o cinco medios para enterarme de los
nombres.
En términos de
la vida y la muerte, lo mínimo que le podemos dar a alguien es su identidad y
para quien emigra forzadamente es quizás el derecho que más se vulnera, así que
era importante tener ese gesto.
Además, tengo
la experiencia venezolana de que las noticias van borrándose, en los portales
web el archivo ya no existe, lo queman, se inunda o se pierde; nos hemos
quedado sin historia, entonces un libro era un soporte ideal, con más
estabilidad, más amable.
Cuentas
que tu papá era militante y que muchas de las personas que salieron entre 2014
y 2016 eran hijos de quienes apoyaban al chavismo; se rompen las familias,
¿cómo le explicas esto a tu hijo?
No se lo
explico, pero se da cuenta. Hablamos solo para Navidades y para el cumpleaños
con mi papá. A mi hijo no se lo digo porque espero que en algún momento cambie
nuestra situación y esa relación.
También ve los
esfuerzos para videollamar a sus abuelos, para mantener una relación con el
otro. Eso ha estado siempre en su vida, es su realidad y quizás me pesa más de
lo que le pesa a él.
Sin embargo,
le hablo mucho de qué hacíamos, de quiénes éramos, y las pocas oportunidades
que ha tenido de reencontrarse con familiares han sido una alegría inmensa.
Es
impresionante, porque León es íntegro, sólido y de pronto ve a la otra persona
y se echa a llorar, aunque no la viera desde que tenía siete meses.
FUENTE DE LA IMAGEN,AFP VÍA GETTY IMAGES
Pie de foto,Chile es uno de los países que más
venezolanos ha acogido.
"Temo
que el Caribe te deje a medida que tú vayas olvidándolo, que se te apaguen los
colores, que te me quedes gris en este mundo feroz", le dices en el libro.
¿Es miedo a que pierda la raíz?
Esa línea tan
dura que escribí hace algunos años tiene que ver con el concreto de las grandes
ciudades, con el concreto de Santiago, con las instituciones, con la demora.
Pienso en la frialdad más que en la gente.
Ahora estoy
viviendo en el norte, Iquique es maravilloso, multicolor. El sur también ha
sido un lugar amoroso, amable. Cada vez que voy a Valdivia es como estar en
familia.
Y ha sido
bello descubrir que era una generalización, un prejuicio, un dolor mío. También
pudimos viajar, fuimos al Caribe colombiano, a San Andrés y ahí me di cuenta de
que no importa cuántos años pasen, él no va a perder nada.
Yo era un pez,
el niño era un pez. Y fue muy bonito verlo tan desinhibido, extrovertido,
risueño, juguetón.
En nuestra
vida en Iquique también se ha mostrado de esa manera, y sorpresivamente, porque
hay páginas muy duras sobre Iquique en el libro.
Claro,
porque es la puerta de entrada de muchos inmigrantes, donde ha habido duras
protestas, maltrato y discriminación, ¿cómo has vivido eso?
Estamos en la
frontera, debería ser un lugar álgido y no lo es. Me acuerdo de que el primer
día llegué llorando de alegría porque la gente me trataba de vecina y me
preguntaba cómo estaba mi familia, cuándo había llegado; en el minimarket, en
el ascensor.
Tengo seis
meses viviendo aquí y un amor tremendo, porque me recordó esa calidez, esa
hermandad, hablar con el otro sin importar el origen. La primera pregunta nunca
ha sido: ¿de dónde eres?
Creo que tiene que ver con su historia, con lo multicultural que es.
Al hablar
de los prejuicios ante los inmigrantes venezolanos, dices: "... tienen la
desfachatez de llamarnos fascistas con una facilidad deslumbrante y darnos
discursos ideológicos desde sus barrios con agua y luz..". ¿Cómo son
tratados en los países de acogida?
Eso tiene una
vigencia tremenda, porque a raíz del Premio Nobel a María Corina, ahora resulta
que todos somos fascistas por alegrarnos.
Nos dimos
cuenta de que el término que recoge esto es la comodidad; es muy cómodo emitir
juicios cuando uno tiene sus necesidades cubiertas y está seguro, es difícil
ponerse en los zapatos de otro.
No solamente
seguimos siendo leídos de esa manera, sino que pareciera que esa idea cobró
fuerza.
Y es
desmoralizante que otra persona no sea capaz de entender por qué esta cantidad
de gente tan impresionante se fue de su país cuando claramente lo extraña y
quiere volver.
Cuando
Latinoamérica pueda vernos no solo como sujetos que salieron de un modelo, sino
como personas que merecen vivir, entonces podremos solucionar el gran problema
que tenemos como región.
¿Cómo has
recibido la captura de Maduro?
Ha sido un
proceso muy corporal, y es lo que intento defender, no solo para mí, sino para
todos. Es imposible que un venezolano no sienta alivio e incluso alegría al ver
que Maduro tiene un poco de lo que hemos tenido nosotros todos estos años,
porque por lo menos a él le dan comida, lo sacan al sol y le leen sus derechos.
Las
condiciones no son las mejores ni las más tranquilizadoras; es un proceso
agridulce, como todo en nuestra historia reciente. Viene acompañado de
angustia, de preguntas por el futuro.
No es la
primera vez que alguien se apropia de nuestros recursos y quizás por eso muchos
de mis paisanos lo han dejado en segundo lugar, pero tiene que ver con sentir
que finalmente algo puede moverse.
Las reacciones
han sido duras y es doloroso que no se entienda en qué situación estaría
alguien como para alegrarse, o incluso celebrar algo así.
FUENTE DE LA IMAGEN,ANDRÉS GALEANO
Pie de foto,"Cuando Latinoamérica pueda vernos como
personas que merecen vivir, entonces podremos solucionar el gran problema que
tenemos como región", dice De Souza-García.
Yo los
defiendo, a eso me he dedicado estos días, a ofrecer los antecedentes
necesarios para que se entienda; la gente sale a celebrar la captura de un
dictador, no una intervención o una injerencia, a pesar de que,
lamentablemente, en nuestro caso esté unido.
Ese día nos
levantamos a las seis con la llamada de un familiar y nos dio solo para
abrazarnos y dar tres saltos en silencio, nada más.
Mucha gente
sigue teniendo a su familia allá, para ellos esta emoción es intensa, es algo
que los acerca. Mi familia se fragmentó totalmente por todo el mundo, eso nos
permite vivirlo de otra manera y con la tranquilidad de saber que tus seres queridos
están afuera; no todos tienen ese beneficio.
Quizás me
nazca celebrar cuando vea que todos somos libres. Antes, se me dificulta mucho
la idea de una alegría vivida como corresponde.
Estados
Unidos ha tomado el control y Trump dice que la transición será un proceso
largo…
Nunca pensé
que fuese corto; con o sin Trump, nos va a tomar un montón de tiempo. Por
supuesto que está la desazón de que sea una persona tan descarada, tan
evidentemente manipuladora, tan fascista, la que tenga una voz que se antepone
a todas las demás sobre nuestro país. Es una tristeza muy grande.
Nuestra
historia ha estado atravesada por un montón de gente poderosa intentando
hacerse de los recursos, intentando hacerse del territorio. Ya había pasado con
el petróleo, pasó antes con el caucho.
Lo veo como la
continuación de una lucha que siempre ha tenido Venezuela y que no ha parado.
Lo que espero es que se respete la vida de los civiles, es lo que estoy
pensando todo el día y lo que me tiene más preocupada.
FUENTE DE LA IMAGEN,AFP VÍA GETTY IMAGES
Pie de foto,Las familias venezolanas quedaron
divididas en diferentes partes del mundo.
Tu hijo
dice que se siente "multipaíses, con muchos acentos y muchas experiencias
por vivir". ¿Qué deseas para él en el futuro?
Solo quiero
que esté tranquilo y contento con lo que decida.
Cuando
trabajaba de librera, conocí a gente que fue exiliada de la dictadura chilena
en Venezuela; gente que se fue al oriente, de donde soy yo. Me parecía una
coincidencia grande y me decían algo que empiezo a ver en León, y es que ellos
prefieren quedarse en los países donde crecieron. Para
ellos es su país. Y me parece válido.
Los padres
regresan, los hijos se quedan, es una vida de ir y venir. Es algo de lo que uno
no se repone enteramente, pero recordando por qué nos fuimos, finalmente vale
la pena. Tiene que ver con la felicidad de ellos, con la plenitud de sus vidas
en un lugar en el que se sientan seguros.
¿Y tú
quieres volver y hacer esa vida de idas y venidas?
Muchísimo,
quiero volver, no he vuelto ni de viaje, me pesa un montón, pero no lo he hecho
porque ¿qué pasaba con él aquí si a mí me dejaban allá?
Tengo ganas de
ayudar a reconstruir Venezuela, mucha necesidad de eso. Levantar el país, a la
gente. No anímicamente, porque somos de un carácter festivo impresionante y eso
nos ha mantenido de pie estos años, pero pienso en la lectura, en la escritura,
en la educación.
Creo que voy a
ir y a venir, pienso todos los días en eso, lo hablo con mi pareja, que es
chileno, con mis otros hijos, sus hijos, que también son chilenos, porque
tenemos que ir amoldándonos a la idea de esa vida mía de ir y venir.
FUENTE DE LA IMAGEN,ANDRÉS GALEANO
Pie de foto,Arianna de Sousa-García es la autora de "Atrás queda la tierra", en el que le explica a su hijo su salida de Venezuela y una nueva vida en Chile.
Autor,Diana Massis
Título del autor,BBC News Mundo @HayFestivalCartagena
6 febrero 2026









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